El 13 de abril de 1944, miles de personas se enfrentaron con la policía en las escaleras del Instituto de Arte de Chicago.

El tumulto no tenía relación con la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, los disturbios laborales o la controvertida decisión del presidente Franklin D. Roosevelt de tomar el control de las industrias locales de Chicago.

Más bien, una enorme e impaciente multitud de artistas desbordó la capacidad del museo, provocando el caos. Así desesperadamente la gente quería ver el estreno en Estados Unidos de una exposición titulada “Posada: Grabador para el pueblo mexicano”.

La exposición presentaba las estampas de José Guadalupe Posada, un grabador mexicano que había muerto en 1913. Se exhibían sus calaveras, las ilustraciones satíricas de calaveras y esqueletos que hizo para el Día de Muertos, que imprimió en periódicos baratos de una sola hoja conocida como andanadas.

Una calavera específica atrajo más atención que los demás.

Conocida como La Catrina, era un esqueleto llamativo con una amplia sonrisa con dientes y un sombrero de plumas de gran tamaño. Una gran impresión de ella colgaba de la pared del museo. El publico la vio aparecer en los materiales promocionales del museo. Incluso fue la portada del catálogo de la exposición. En México era prácticamente desconocida, pero la exposición estadounidense convirtió a La Catrina en una sensación internacional.