En las farmacias de Argentina la gente consulta el precio del medicamento y no lo compra, incluso antibióticos. Unos abandonaron sus tratamientos contra la hipertensión o el colesterol. Otros dejaron de recibir del Estado medicinas cruciales para sobrevivir mientras el gobierno audita el sistema asistencial.

La caída de las ventas de 10 millones de medicamentos en enero, 70% en recetados, revela otra cara de la crisis donde el cuidado de la salud se volvió un lujo.

«Entre comer y comprar el remedio, la gente elige comer», razona la farmacéutica Marcela López detrás del mostrador de una farmacia en Buenos Aires. Los que no pueden pagar un antibiótico, sobrellevan el dolor con ibuprofeno.

Un caso similar es el de Viviana Bogado, cuyo hijo Daniel, de 16 años, necesita antibióticos y dieta especial.

«Tengo que comprarle una leche que cuesta tres veces más cara que la común, más