El crecimiento exponencial de las Tecnologías de la Información la Comunicación (TIC) ha aportado muchos beneficios, sin embargo, no cabe duda de que también, ha traído perjuicios.
Entre estos podemos mencionar el ciberacoso, que en general es definido como “un fenómeno que consiste en un acto o comportamiento agresivo en el que se utiliza las TIC por parte de un individuo o un grupo de individuos (ciberacosador o ciberacosadores), de forma deliberada, repetitiva y hostil con el objetivo de dañar a otra persona (cibervíctima) que no puede defenderse fácilmente”, (Quezada, 2020, p. 23).
De acuerdo con Hernández y Solano (2007), el ciberacoso o ciberbullying puede presentar cierta similitud con otras maneras de acoso, por la premeditación, violencia e intención.
Sin embargo, contiene características específicas que son propias del ciberacoso. Dentro de estas características se encuentran: (a) un buen conocimiento y dominio de las TIC; (b) un agresor desconocido, lo que provoca en la víctima un mayor sentimiento de impotencia; (c) uso de diversas formas de acoso utilizando las TIC; (d) invasión de privacidad incluso, en ocasiones, poniendo en riesgo la seguridad de la víctima; y (e) en la mayoría de los casos, estos acercamientos se producen en largos períodos de tiempo.
Dentro de las recomendaciones que podemos seguir para ser menos vulnerables a este tipo de acoso se encuentran: (a) evitar la colocación de informaciones personales en páginas y/o redes sociales; (b) evitar aceptar en sus redes sociales a desconocidos; (c) almacenar cualquier tipo de información que le sea enviada y le parezca sospechosa, por si necesita utilizarla en algún momento como evidencia; (d) evitar el envío de archivos visuales que pudiesen ser utilizados para extorsión o chantaje en su contra; (e) evitar conversaciones con desconocidos (si no lo hace en su vida regular, de manera presencial, ¿por qué hacerlo virtual?); sin embargo, si lo hace, evite facilitar informaciones personales acerca de usted o de sus cercanos; (f) dedicar un tiempo en configurar las opciones de privacidad de las aplicaciones que utiliza; (g) si recibe mensajes de desconocidos, no contestar y, de ser insistentes, contactar a las autoridades; (h) educar a los menores de edad que se encuentran con usted y están expuestos a la virtualidad, explicando y dando confianza para que le informen cualquier situación que pueda ser irregular en su uso de la virtualidad.
La autora: Ing. Leipzig Guzmán Mena, Ph.D. Ingeniera Telemática, directora Académica de la Escuela de Ingeniería en Tecnologías de la Información y la Comunicación, Universidad Iberoamericana (Unibe)
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REFERENCIAS
– Hernández Prados, M., & Solano Fernández, I. M. (2007). Ciberbullying, un problema de acoso escolar. Revista Iberoamericana de Educación a distancia. ]
– Marín-Cortés, A., & Linne, J. (2021). Una tipología del ciberacoso en jóvenes. Revista Mexicana de Sociología, 83(2).
– Quezada, E. C. (2020). Violencia escolar: el acoso escolar y el ciberacoso.














