Los chilenos acudieron a las urnas ayer domingo para elegir a los 50 redactores que escribirán una nueva Constitución, luego de que hace ocho meses los votantes rechazaran abrumadoramente una carta propuesta el año pasado que fue ampliamente descrita como una de las más progresistas del mundo.

Es el paso más reciente en un proceso para reemplazar la carta fundamental legada por la dictadura militar del país sudamericano y que comenzó con protestas masivas en 2019.

Como es tradicional, entre los primeros electores en llegar a las mesas receptoras de votos, que funcionarán por diez horas continuadas y hasta las 18:00 horas (2200 GMT), fueron los de mayor edad, muchos apoyados en bastones, que acudían muy abrigados en una mañana fría en la capital chilena.

El presidente Gabriel Boric también sufragó temprano, en Punta Arenas, a 3.000 kilómetros al sur de Santiago. Tras emitir su voto declaró que, sea cual sea el resultado de la elección, “configura un avance para el país donde hemos sido capaces en darle continuidad a un proceso que no ha sido fácil”.

Mientras que centenares de personas formaron largas filas ante comisarías para dejar constancia de que están a más de 200 kilómetros de su lugar de sufragio. La participación electoral es obligatoria y quienes no voten arriesgan multas que van desde los 31.000 a los 189.000 pesos (38 a 230 dólares).

Pasado el mediodía, el Servicio Electotal (SERVE