Las poblaciones de elefantes que viven en sus áreas de distribución geográfica habituales conocen bien su territorio, hasta el punto de que los individuos más viajeros tienden a utilizar siempre unas determinadas rutas o caminos para desplazarse de un punto a otro de su territorio.

 

Su precisión en los recorridos llega a ser tan alta que podemos considerar a estas rutas auténticas carreteras para elefantes.

 

Cuando estas carreteras de elefantes se entrecruzan con las carreteras propiamente dichas, las construidas por humanos, pueden producirse situaciones conflictivas, ya que los elefantes no cesan en su uso de estas rutas.

 

La cuestión ha sido examinada en diversas ocasiones.

 

Uno de los estudios más recientes al respecto es el realizado por el equipo de Tempe Adams, de la organización Elephants Without Borders (EWB) (Elefantes sin Fronteras), y Marlee Stevens, de la Universidad Radboud en los Países Bajos.

 

En este estudio, han investigado de qué modo las diferentes actividades humanas en puntos de esos caminos de elefantes influyen sobre cómo y cuándo estos los usan.