El primer ministro canadiense Mark Carney acogió con satisfacción el jueves la perspectiva de que su país se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea, y afirmó que el acercamiento al continente garantizará que ningún país pueda controlar los mercados de Canadá o menoscabar su soberanía.

El discurso de Carney ante el Parlamento Europeo elogió repetidamente la cooperación entre Europa y Canadá, pero la relación con Estados Unidos —que ha definido la economía canadiense durante décadas y se ha ido deteriorando cada vez más— se cernió sobre su intervención.