La verdadera intención de la educación es diseñar de manera intencional oportunidades para el desarrollo de habilidades para una vida libre, permitiendo a maestros y aprendices ser los dueños de este proceso y haciendo que todo el que pase por allí salga siendo mejor persona.

En las manos de un maestro hay muchísima responsabilidad… la responsabilidad del futuro. Su papel va más allá de transmitir conocimientos; implica ser guía, mentor y catalizador del desarrollo. ¿Cómo se ve eso en la práctica? ¿Cómo lo identificamos?

Estas son algunas de las características que distinguen al docente:

Conecta. Entiende la importancia de hacer del aprendizaje algo interesante y divertido. Sabe leer a su audiencia, no importa si son niños pequeños, adolescentes o universitarios, para identificar si se deben hacer cambios en el “programa” de su clase para lograr su objetivo y conectar.

Es intencional. Esto lo aplica en lo que enseña, cómo enseña, en las palabras que utiliza para referirse al estudiante y del estudiante. Cuando éste sabe dónde quiere llegar y qué necesita para lograrlo, es capaz de lograr la transformación en los estudiantes.

Es flexible. Como tiene un plan y una intención, sabe cómo hacer un cambio en su clase cuando se requiere. Le busca la vuelta a su alumno y adapta, intencionalmente, su enseñanza al estilo de aprendizaje de su estudiante.