El consumo de azúcar se ha visto siempre implicado en el auge de casos de obesidad y diabetes tipo 2 y sus complicaciones cardiometabólicas asociadas. Los principales organismos de salud, como la OMS, han recomendado que su consumo (tanto de azúcar añadido como libre) se reduzca a menos de un 5-10% del consumo total de calorías diarias. Es decir, si consumimos unas 2.000 calorías al día, no deberíamos de ingerir más de 25 gramos de azúcar al día. Las bebidas azucaradas son una de las principales fuentes de azúcar añadido y más consumidas mundialmente, por eso se han convertido en el objetivo principal de las iniciativas de salud pública orientadas a fomentar dietas más sanas.
Un equipo de investigación de diferentes universidades e instituciones de salud internacionales, entre ellas la Universidad Rovira i Virgili (URV), el Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) en España, ha realizado una revisión sistemática y metaanálisis de estudios de cohortes prospectivos en relación a la sustitución del consumo de bebidas azucaradas por bebidas sin calorías o con pocas y la aparición de complicaciones cardiometabólicas.
En el estudio, se incluyeron un total de 14 cohortes (416.830 participantes).
Los investigadores observaron que un aumento de la ingesta de bebidas azucaradas sin o con pocas calorías se asociaba a una menor ganancia de peso corporal con el paso del tiempo. Además, la sustitución de las bebidas azucaradas por las bebidas endulzadas sin y con pocas calorías se asoció a una menor ganancia ponderal y a un menor riesgo de desarrollar obesidad, enfermedades coronarias, mortalidad por enfermedades cardiovasculares y mortalidad total.














