Detrás del fenómeno global llamado Bad Bunny existe un Benito que muchos no conocen: un joven introvertido que prefería observar antes que hablar, que cantaba en el coro de su iglesia sin imaginar que algún día su voz sería una de las más influyentes del mundo. Ese Benito, que empacaba compras en un supermercado de Vega Baja (Puerto Rico) para ganarse unos pesos, nunca pensó que su vida cambiaría tan drásticamente.

Su historia comenzó lejos de los reflectores, entre canciones que escribía en libretas viejas, influencias caribeñas que escuchaba desde la radio de su casa y una timidez que lo obligaba a soñar en silencio, sin contar a nadie sus aspiraciones.