Decenas de casetas de madera techada de zinc o con pedazos de lonas, el ruido de los buhoneros con alto parlantes promocionando sus mercancías, la gente  haciendo zigzag para poder transitar y el olor a comida rápida ofrecen una descripción cuasi exacta de la Duarte en el tramo comprendido entre la avenida 27 de Febrero hasta la Manuela Díez.

Por aquí no se puede caminar a ciertas horas del día, mira que la caseta ocupa parte de la acera y de la calle. Esto es un caos mayúsculo», explica Talía Mora, residente en el sector de Villa María.