Hay trayectorias que no buscan hacer ruido, pero que transforman. Desde perspectivas distintas y recorridos personales, Alexandra Ortega y Melissa Sánchez coinciden en una visión que desborda las categorías convencionales de la arquitectura: diseñar no es únicamente proyectar espacios, sino acompañar vidas.
Lejos de la búsqueda de autoría o de la estética llamativa, ambas reivindican una forma de diseño que devuelve al oficio su dimensión más humana: la del cuidado, la escucha y la transformación emocional.














