De la cocina de su abuela en Monte Plata a las aulas del Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), la historia de Arlette Concepción Soriano confirma que la pasión, cuando se sostiene con disciplina, encuentra su camino.
A primera impresión, su forma de hablar transmite una seguridad poco común para sus 22 años. Sonríe con naturalidad, y en su rostro —marcado por pecas que acentúan su frescura— se percibe la mezcla de entusiasmo y determinación que define su carácter. No es casualidad: detrás de esa serenidad hay una historia de constancia.
Oriunda de San Francisco de Chirino, Monte Plata, Arlette vivió en el XII Foro Gastronómico de la Fundación Sabores Dominicanos un momento que aún describe como un “shock” de alegría. Al escuchar su nombre como ganadora de una beca de formación por un año en Argentina, su reacción fue inmediata y reveladora: “Lo primero que mi cerebro procesó fue: tengo que llamar a mi mamá”.














