Francesca Seralvo, propietaria de una finca familiar de la Società Agricola Mazzolino en Lombardía, en el norte de Italia, produce 100.000 botellas de vino al año y exporta un tercio de su producción a Estados Unidos.
«Trabajar de la mano»
Conocer a sus importadores estadounidenses en la feria parisina es imprescindible para esta viticultora italiana que habla un francés perfecto. Pero ante la incertidumbre reinante, negociar los precios es casi imposible: «La situación es muy complicada. Ya en diciembre, después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, nuestros importadores hicieron pedidos para llenar sus reservas. Dijeron: ‘Ahora vamos a tomar vino, porque no sabemos qué va a pasar’. Pero no podemos simplemente hacer una venta excepcional, y que quede en esto. Nuestro objetivo es construir nuestro futuro».














