Con frecuencia tendemos a pedir «un poco más» de sal para echarle a nuestro plato porque parece que le falta sabor o esta soso cuando en realidad ya ha sido cocinado con el punto de sal que necesita, por ello numerosos investigadores han tratado de explicar cómo afecta esta costumbre a nuestra salud resaltando sus efectos en la salud cardiovascular, pero ahora una nueva investigación de la Universidad de Tulane (Estados Unidos) ha apuntado a que también produce un mayor riesgo de enfermedad renal crónica.
Así lo apunta un nuevo estudio de 465,000 personas que señala que agregar sal a los alimentos está asociado con un mayor riesgo de enfermedad renal crónica en la población general. Estos hallazgos, publicados en ‘Jama Network’, sugieren que reducir la frecuencia con la que se agrega sal a los alimentos en la mesa podría ser una estrategia valiosa para reducir el riesgo de enfermedad














