Por Laura Rodríguez

 Era una idea increíble, mágica, maravillosa la que permanecía en mi mente paseándose con libertad de sonreír a cada segundo. Era esa idea de sentirme una diosa porque estaba ya en el paraíso, ya sabía yo lo que era tocar el cielo con las manos, tan solo esperaba ese momento de tenerlo en mi frente para seguir el ritmo de sus pupilas titubeantes, para tocar sus manos y sentir el sudor que despedía la reacción de haberlo logrado juntos!
Dentro de un mundo lleno de bombas, gentes echa mierda tratando de contagiar a otros, dentro de tanto parásito pudriendo el significado de un amor pleno, dentro de tanta llama ardiente finalmente era la idea de salir ilesos, la combinación de haber sido un pedal donde yo tenía que bajar para que el se encontrase arriba y verle cambiar el semblante y que sus líneas de expresión de cara cobrasen vida, eso era para mí lo más entrañable que ha podido existir.

Nunca sentí el peso, siendo yo su soporte, era increíble la manera en que las lesiones no me afectaban delatando un dolor permanente, más bien era tanto lo que él me transmitía que su calor a distancia era la anestesia  inmediata de poder sentirme intacta declarando una victoria concerniente a que Dios da las peores batallas a sus mejores soldados y desde luego nuestros dedos se encuentran entrelazados y encajando a la perfección de no poder soltarnos jamás.

 Instagram :@lalateca7  (Escritora Dominicana)