Por Laura Rodríguez

No había en el mundo tanta necedad de enamorarse como la de ellos dos, se despedían constantemente, tenían siempre un adiós entre manos, sin salir nunca del corazón, más bien era una clase de método para volver con más pasión y quererse alocadamente, pero él era tan corto y preciso, las experiencias de la vida lo habían convertido en un ser con temperamento frío y aunque por dentro quizás el deseo dominaba, él no lo dejaba salir, las diferencias de edades era de una década, razón suficiente para que ella más o menos entendiera que el nunca podría llevar su ritmo desenfrenado, ¡pero ella estaba loca, Joder! Y esa locura hacía que el perdiera la puta razón por ella, estando distanciados simulando hacer cada uno su vida, ella tenía rabia sumada con ansiedad de encontrarlo algún día coincidencialmente como todo empezó, ya estaba preparada si pasaba el hecho de verlo agarrado de manos con alguien más, tan solo de pensarlo maldecía diciendo -por supuesto que me acercaría y me dirigiera directo aquella preguntando -¿ y usted quien es? Hola, soy su pareja. -ah! Mucho gusto (extendiéndole mi mano), el amor de su vida. .
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