Es uno de los restaurantes tradicionales con una fiel clientela que a partir de cierta hora lo llena a rebosar. Es el restaurante Boga Boga donde a quien no reserva mesa le conviene almorzar temprano, si es que piensa ir a comer allí al mediodía. Como es nuestro caso: el de mi hijo Alexis y mío.

No siempre fue, empero, restaurante. “El punto inició en 1975, sirviendo churros con chocolate”. La información la ofrece Segundo Imbert Brugal en un relato que, publicado hace un par de años en Acento, está impregnado de emotividad. La emotividad del que es asiduo, quizás desde sus comienzos, conociendo no sólo de la buena comida sino de los aconteceres diversos: buenos y malos.

Son las 12:45 del mediodía cuando llegamos. Entramos al salón principa