Es una mañana de diligencias en la cual me acompaña mi nieta Mariale Ramos Rojas. Tengo lasagna en casa para almorzar, pero “¿No sería mejor comer fuera? Te invito”, dice. Ni lo dudo.

“¿Adónde vamos?” Echa un vistazo a las webs en su celular y decide ir al O.livia, en la avenida Lope de Vega. Llegamos a las 12:00 del mediodía. Sí, está abierto y somos los primeros.

Busco la mesa donde menos aire acondicionado alcance y antes de ver la carta, Mariale ya ha elegido un vino de la casa: tinto Carmelo Rodero. “A la salud de ustedes”, dice la joven al traernos las copas.

¿“Churros de entrada”?

Acostumbrada a los churros con azúcar se me hace cuesta arriba pensar que hay salados. Por curiosidad ordenamos un servicio para las dos: Churros de manchego. Son churros con fondue de manchego trufado. “Yo nunca he escuchado eso”, dice Mariale.