Nuestro objetivo: almorzar en un restaurante de “haute cuisine”, del cual le han hablado excelencias a mi hijo Ángel, quien junto a su hijo Ángel (mi nieto) me ha invitado a comer.

Lo que no podíamos suponer es que en días laborables no abre al mediodía. Y ahí estamos los tres, en el amplio lobby de la Plaza Paseo del Prado, ante el restaurante, cuya puerta se encuentra medio abierta.