¿Pasta o carne?” La pregunta es de mi hijo Ángel que, días antes de mi cumpleaños, quiere llevarme a almorzar. “Carne” respondo sin titubeo. En especialidades de carnes le han hablado del Turo. Hacia allá vamos.
No es aún la 1:00 de la tarde. Algo menos de la mitad de las mesas está ocupada. En un sobrio y atinado interiorismo abunda la madera y, hacia un lado en lo alto, un cristal transparente deja ver las palmeras exteriores. En el muro debajo resaltan reproducciones de cabezas de toro.














