En la búsqueda incesante por descarbonizar nuestras ciudades, una tecnología se ha posicionado como la reina indiscutible de la eficiencia energética: la aerotermia. Aunque el término pueda sonar a ciencia ficción para algunos, se basa en un principio físico que llevamos décadas usando en nuestras neveras, pero aplicado a la inversa y con una optimización asombrosa.
¿Es realmente el fin de los combustibles fósiles en el hogar? Veamos la ciencia detrás del sistema que promete reducir las facturas de energía hasta en un 70%.
¿Qué es la aerotermia y cómo «extrae» energía del aire?
A diferencia de una caldera que quema gas o gasoil para generar calor, la aerotermia es una tecnología bomba de calor aire-agua. Su magia reside en que no genera calor per se, sino que lo transporta.
Incluso cuando fuera hace frío (a temperaturas bajo cero), el aire exterior contiene energía térmica. La aerotermia aprovecha esta energía mediante un ciclo termodinámico que utiliza un gas refrigerante.
El ciclo que desafía al invierno
El proceso se divide en cuatro etapas clave:
-Evaporación: El aire exterior pasa por un intercambiador donde el refrigerante (a muy baja temperatura) absorbe el calor ambiental y se evapora.
-Compresión: Un compresor eléctrico aumenta la presión del gas, lo que eleva su temperatura drásticamente.
-Condensación: Ese calor se transfiere al agua de la vivienda (calefacción o agua caliente) y el gas vuelve a estado líquido.
-Expansión: Una válvula de expansión reduce la presión del refrigerante, enfriándolo de nuevo para reiniciar el ciclo.














