Rolando Diaz (La Habana, 1947) sigue siendo un muchacho de Luyanó, un “barrio popular, rumbero y sonero” de la capital cubana, cuenta a DW. De padres campesinos de Pinar del Río, creció “frente con frente a la orquesta Melodías del 40” y viendo todo tipo de cine: melodramas, westerns de Hollywood, los Angry Young Men ingleses, neorrealismo italiano, nueva ola francesa, cine de Europa del Este.
La historia de su vida y su cine son también la del deslumbramiento y la desilusión con la Revolución Cubana de 1959. Empezó a hacer cine “por abajo”, como asistente de sonido y proyeccionista, desde los 20 años. Debutó como director a los 27. Rodó 82 ediciones del entonces “crítico” Noticiero ICAIC Latinoamericano, mostrando en el cine, antes de las películas, “todo el deterioro que a estas horas ya es brutal, pero empezó desde mucho antes”.
Fue corresponsal de guerra en Angola, el primer país que visitó fuera de Cuba, cuando aún era “un devoto de la Revolución”. Su primera gran desilusión “vino cuando rodé en Siberia. Ahí sufrí una gran desilusión de lo que era la Unión Soviética y de lo que era el comunismo, del sufrimiento que pasaba la gente y todas las angustias que había”.














