Cuando, llevadas por algo que se podría describir como una histeria colectiva, las langostas se congregan en enjambres tan grandes que a menudo se les denomina “nubes de langostas”, avanzan sin apenas mostrar miedo ante nada y devoran a su paso todo lo que sea comestible, con una voracidad alarmante.
Sin embargo, hay un componente en esta conducta, mostrado en la foto, que resulta particularmente siniestro y que, al parecer, es en muchos aspectos el motor de esa conducta calificable de histeria colectiva: el canibalismo.
En efecto, cuando conforman un enjambre, las langostas son mucho más propensas a devorarse unas a otras que cuando viven aisladamente. Y de hecho, el miedo a ser atacada y comida por alguno de los congéneres que viene por detrás, y tal vez el ansia de atacar y comer a alguno de los que va por delante, impulsa a estos animales a seguir avanzando.
Los detalles de las conductas subyacentes en los enjambres de langostas han intrigado desde siempre a la humanidad, sobre todo en aquellas regiones que más a menudo sufren el paso de una nube de langostas.
Un estudio reciente al respecto es el llevado a cabo por el equipo de Bill Hansson, director del Departamento de Neuroetología Evolutiva en el Instituto Max Planck para la Ecología Química.














