Por esa razón acaba de entrar en vigor, el pasado mes de abril, un reglamento de la Comisión Europea dirigido a la industria de la alimentación en el que se establecen medidas para reducir los niveles de acrilamida en los alimentos.
Y el objetivo es elevar la protección de los consumidores ya que en animales existe evidencia científica de que la acrilamida “puede aumentar el riesgo de padecer cáncer”, siendo los niños el grupo de edad más expuesto dado su menor peso, especifica el reglamento.
“Por el momento el consumidor no debe preocuparse, hay que huir del alarmismo, pero sí debe conocer las medidas que debe aplicar también en casa en el cocinado de alimentos para evitar la formación de acrilamida”, explica Eva Molina, inspectora en el Servicio de Control de la Seguridad Alimentaria de la Comunidad Valenciana.
Acrilamida, en alimentos ricos en hidratos de carbono.
La acrilamida es un compuesto orgánico que se forma cuando determinados alimentos se elaboran a temperaturas superiores a 120 grados y con bajo nivel de humedad.
Este tóxico aparece principalmente en alimentos ricos en hidratos de carbono, horneados o fritos, ya que sus materias primas contienen precursores como azúcares y aminoácidos (sobre todo la asparagina).
El reglamento europeo hace referencia a las patatas fritas frescas y patatas fritas de bolsa, pan, cereales para el desayuno, productos de bollería, pastelería, repostería y galletas; café (tostado e instantáneo) y sus sucedáneos y alimentos infantiles.














