¿Recordáis cuándo fue la última vez que tuvimos un año sin el estreno de un biopic musical? Entre los estrenos más recientes nos encontramos ‘Bob Marley: One Love’, ‘Back to Black’, ‘I Wanna Dance With Somebody’, el ‘Elvis’ de Baz Luhrmann,’ ‘Maestro’ y por supuesto ‘Rocketman’ y ‘Bohemian Rhapsody’, y están por llegar entre otros ‘Michael’, las cuatro películas sobre Los Beatles de Sam Mendes y un proyecto para contar la historia de los Bee Gees que no parece terminar nunca de tomar forma. El género está tan de moda que lo convencional ha tenido que dar paso a extravagancias como ‘Better Man’, donde Robbie Williams es un mono, o ‘Piece by Piece’, donde Pharrell Williams es… un muñeco de LEGO.
Prácticamente todas estás películas tienen en común o bien historias de superación o bien el trauma del artista incomprendido, cuando su humanidad y su moral se ponen a prueba bajo el sofocante peso de la fama; también grandes secuencias musicales, con una dirección, una fotografía, una producción y un montaje enfocados en destacar sus enormes talentos y la abrumadora pasión que levantaban en sus fans, en elevarlos por encima de sus errores y de los simples mortales sin aptitudes. Y absolutamente nada de eso es ‘A Complete Unknown’.














