Los futuros paneles solares podrían estar dotados de unas estructuras microscópicas capaces de hacer un seguimiento de la luz, mejorando así su rendimiento y producción eléctrica.

 

Las almohadillas de las patas notoriamente pegajosas de las salamanquesas están cubiertas por estructuras microscópicas parecidas a pelos cuya composición química y física y alta flexibilidad permiten al lagarto agarrarse a las paredes y techos con facilidad. Los científicos han tratado de replicar tales microestructuras dinámicas en el laboratorio con una variedad de materiales, incluyendo elastómeros de cristal líquido (ECL).

 

Los ECL son redes gomosas con grupos de cristal líquido adheridos que dictan las direcciones en las que los ECL pueden moverse y estirarse. Hasta ahora, los ECL sintéticos han sido capaces de deformarse en solo una o dos dimensiones, limitando la capacidad de las estructuras para moverse a través del espacio y tomar diferentes formas.

 

Ahora, un grupo de científicos del Instituto Wyss de Harvard para la Ingeniería Inspirada Biológicamente y de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson (SEAS) ha aprovechado los campos magnéticos para controlar la estructura molecular de los ECL y crear formas poliméricas microscópicas tridimensionales que pueden ser programadas para moverse en cualquier dirección en respuesta a múltiples tipos de estímulos, entre ellos la luz. El trabajo, del que se informa en la revista PNAS, podría conducir a la creación de varios dispositivos útiles, incluidos paneles solares que sigan al sol para mejorar la captación de energía.

 

«Lo que es crítico en este proyecto es que somos capaces de controlar la estructura molecular alineando cristales líquidos en una dirección arbitraria en el espacio tridimensional, permitiéndonos programar casi cualquier forma en la geometría del propio material», dijo el primer autor Yuxing Yao, que es un estudiante de postgrado en el laboratorio de Joanna Aizenberg.