Una voz inconfundible, un rostro familiar, un cantante extraordinario y un tipo afable. Piero, nacido en Italia, criado en Argentina y admirado en toda Latinoamérica, ha dejado este mundo.
Símbolo de la canción de protesta de toda una época, cantautor sensible y comprometido, ser humano sin estridencias.
Tras de sí, más de seis décadas de trayectoria, más de 25 discos editados, cerca de 4.200 conciertos y más de cinco millones de placas vendidas. Sus canciones son parte de la historia de varias generaciones.
Basta leer «Viejo, mi querido viejo» para que la música resuene en nuestra mente. Solo este tema acumula más de 500 versiones.
DW pudo conversar en exclusiva con José Tcherkaski, su compañero de ruta, su media naranja artística. Juntos formaron una dupla perfecta. Tcherkaski escribía las letras, Piero componía la música y les ponía voz.
Con una sencillez sorprendente, Tcherkaski evoca al artista y al ser humano, reflexiona sobre su legado y revela algunas de las claves de una aventura musical cuya inmensa repercusión ninguno de los dos llegó siquiera a imaginar.














