Mirar la pantalla del teléfono móvil al despertar se ha convertido en un acto casi reflejo para miles de millones de personas. Lo usamos para trabajar, gestionar nuestras finanzas, medir nuestras pulsaciones, inmortalizar momentos y, de vez en cuando, incluso para hacer una llamada de voz. Pero ¿en qué momento dejamos de llevar un simple teléfono para portar una supercomputadora en el bolsillo?
El origen de la idea: De la ciencia ficción a la realidad
A menudo se piensa que el smartphone nació en 2007, pero los cimientos científicos y tecnológicos se colocaron mucho antes.
-El pionero olvidado (1992): IBM presentó el Simon Personal Communicator. Tenía pantalla táctil verde, permitía enviar correos electrónicos y faxes, y contaba con un lápiz óptico. Era tosco y su batería duraba una hora, pero el concepto ya estaba ahí.
-La era de la productividad (Años 2000): Compañías como BlackBerry y Nokia (con su mítica serie Communicator) demostraron que los teléfonos podían gestionar datos corporativos y teclados físicos compactos.
Sin embargo, a la industria le faltaba una pieza clave: la experiencia de usuario. La tecnología existía, pero era compleja, fragmentada y orientada casi exclusivamente al sector empresarial.














