El diálogo sobre la importancia de las artes y las humanidades en la universidad adquiere hoy un sentido renovado, porque el escenario formativo ha cambiado: la inteligencia artificial acelera procesos, automatiza tareas y aumenta la eficiencia en la producción y circulación de información.
Precisamente por ello, resulta más urgente fortalecer aquello que no puede ser sustituido: el pensamiento crítico, la empatía, la creatividad y la sensibilidad. La educación superior enfrenta el desafío de cultivar estas competencias, pues permiten interpretar el significado humano de los avances técnicos, reconocer sus implicaciones éticas y sociales y tomar decisiones con criterio en contextos de creciente complejidad.














