Unos cientos de millones de años después del Big Bang (la “explosión” con la que nació el universo), las primeras estrellas y galaxias se condensaron a partir de inmensas nubes de gas. La época exacta en la que ocurrió eso ha venido siendo objeto de mucha investigación, pero hasta ahora se han descubierto galaxias tan antiguas como de menos de 300 millones de años después del Big Bang.

 

Sin embargo, detectar las primeras galaxias es complicado precisamente por el gas a partir del cual se forman.

 

Las galaxias recién nacidas brillan mayormente con luz ultravioleta de alta energía. Pero durante los primeros 500 millones de años después del Big Bang, el gas que envolvía a las galaxias y que se encontraba entre ellas era neutro. Dado que el gas neutro es muy eficaz a la hora de absorber la luz ultravioleta, solo la luz más débil y menos energética puede atravesar esa niebla, lo que dificulta enormemente la observación de las primeras galaxias.

 

Las galaxias detectadas en estas primeras épocas resultan invisibles en las longitudes de onda cortas de la banda ultravioleta.

 

A medida que la radiación ultravioleta fue siendo emitida por las primeras fuentes de luz, dicha radiación comenzó lentamente a transformar el universo. Los átomos neutros que ocultan a las galaxias fueron ionizados por la luz ultravioleta, haciendo que el universo se volviera transparente.

 

Este proceso se conoce como Época de la Reionización, y sus circunstancias detalladas son objeto de intensa investigación en astronomía: ¿Cuándo comenzó, cuánto duró, cómo se desarrolló y qué fuentes fueron las responsables?