La palabra láser suele evocar la imagen de un haz de luz fuertemente concentrado y continuo. Los láseres que producen este tipo de luz son, de hecho, muy comunes y útiles. Sin embargo, la ciencia y la industria también necesitan a menudo pulsos muy cortos y potentes de luz láser. Estos pulsos pueden utilizarse para trabajar materiales mediante maquinado o para crear frecuencias armónicas elevadas, hasta llegar a los rayos X, que pueden ayudar a hacer visibles procesos extremadamente rápidos en el rango de los attosegundos. (Un attosegundo es la milmillonésima parte de una milmillonésima de segundo).

 

Un equipo de investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich en Suiza, integrado por Ursula Keller, Moritz Seidel, Lukas Lang y Christopher R. Phillips, ha establecido ahora un nuevo récord de pulsos láser de este tipo: con 550 vatios de potencia media superan en más de un 50 por ciento el máximo anterior, lo que los convierte en los pulsos más potentes creados hasta ahora por un oscilador láser.

 

Resulta también llamativo lo extremadamente cortos que son: duran menos de un picosegundo (una millonésima de millonésima de segundo) y salen del cañón láser a un ritmo de más de cinco millones de pulsos por segundo.

 

Los pulsos cortos alcanzan potencias máximas de 100 megavatios, lo que, en teoría, bastaría para energizar 100.000 aspiradoras durante un muy breve periodo de tiempo.

 

Durante los últimos 25 años, el grupo de investigación de Keller ha trabajado en la mejora continua de los llamados láseres de disco de pulsos cortos, en los que el material del generador de luz láser consiste en un disco fino, de solo 100 micrómetros de grosor, de un cristal que contiene átomos de iterbio.