La hembra de la especie Heterocephalus glaber, un extraño roedor extraordinariamente longevo, insensible a ciertas clases de dolor, prácticamente inmune al cáncer y que vive en colonias con reina como las abejas o las hormigas, no ve reducirse su fertilidad al envejecer, a diferencia de lo que sucede con las hembras de otros mamíferos, incluyendo el ser humano. Esto desafía el dogma de que las hembras de mamífero tienen una reserva ovárica finita.
Conocer a fondo el motivo de esta reserva ovárica ilimitada podría abrir el camino hacia la creación de tratamientos contra la infertilidad humana.
El equipo internacional de Miguel Brieño-Enríquez, de la Universidad de Pittsburgh en Estados Unidos, ha llevado a cabo un estudio que aporta datos nuevos y reveladores sobre los singulares procesos que dotan a esas hembras de su fertilidad permanente.
En las colonias de Heterocephalus glaber, especie a la que se conoce con nombres populares como por ejemplo rata topo lampiña o ratopín rasurado, solo la reina es fértil.
Las ratas topo lampiñas viven en colonias de entre varias decenas y varios centenares de individuos. Como las abejas o las hormigas, los miembros de la colonia se reparten las tareas de defensa, excavación de túneles, cuidado de las crías y recogida de alimentos. Solo la hembra dominante de la colonia puede reproducirse y su influencia impide la reproducción de otras hembras, manteniendo así su estatus de reina.














