La propulsión nuclear térmica es parecida a la química en el sentido de que logra un impulso por la fuerza de la reacción al expulsar gas muy caliente por una tobera. Sin embargo, en vez de valerse de una combustión química, se vale de la fisión nuclear (aunque en un futuro podría valerse de la fusión nuclear). La ventaja de la vía nuclear sobre la química es que a igual peso ejerce un empuje mucho mayor.

 

En un cohete nuclear térmico, se utiliza un reactor de fisión para generar temperaturas extremadamente altas. El calor producido por el reactor se transfiere a un propergol líquido, que se expande y se expulsa a través de una tobera para propulsar la nave espacial. Los cohetes nucleares térmicos pueden ser tres veces más eficaces que la propulsión química convencional o incluso más.

 

La NASA (agencia espacial estadounidense) y la DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, dependiente del Departamento de Defensa de Estados Unidos), han comenzado a colaborar en una demostración de un cohete de propulsión nuclear térmica en el espacio. Un cohete así puede facilitar muchísimo el envío de una nave tripulada a Marte, entre otras cosas.

 

En este proyecto, denominado DRACO (Demonstration Rocket for Agile Cislunar Operations), la NASA y la DARPA trabajarán juntas para desarrollar y demostrar tecnología avanzada de propulsión nuclear térmica para naves espaciales. La demostración en el espacio podría realizarse dentro de pocos años, en 2027 si no surgen retrasos.