Por Laura Rodríguez

…Y lo vi marcharse, contando cada uno de sus elegantes pasos, esperando que al menos se voltease e hiciera el baile de sus cejas para provocarme una sonrisa, pero no fue así, no se inmutó ni un segundo, siguió en dirección muy seguro de dejarme ahí detrás mirándolo desparecer a lo lejos viendo su silueta, llevándose consigo los mejores momentos de mi existencia, los que tan sólo bastaba poner mi oído en su pecho para volver a vivir! Pero fue ahí justo en ese nudo sin fin, la ironía de que cuando se suponía que todo iba a ser mejor, de repente me hizo vivir en una obra de teatro con escenas miserables, noches de terror y tardes grises interminables, siendo el autor y yo el personaje principal hizo que tácitamente despertara y entendiese que los finales felices sólo existen en cuentos y desgraciadamente mi hada madrina se había escapado con mi ángel de la guarda, me dejaron sola! Con este Cupido que no sabía ni donde estaba parado… Decidí que tenía que depender de mí y aunque muy jodida aprendí “que por mucho que quieras a alguien, algunas despedidas son el impulso que necesitamos para reencontrarnos con la vida. Porque vivir mendigando amor, es desperdiciar cada respiro, en vez de aprovechar el tiempo y buscar lo que nos falta en nosotros y no en alguien más.

 Instagram :@lalateca7  (Escritora Dominicana)