Los contaminantes orgánicos persistentes (COP) son compuestos ambientales tóxicos que se han utilizado extensamente como plaguicidas o retardantes del fuego. Aunque su fabricación está hoy severamente restringida o prohibida, persisten en el medio ambiente, y diversos estudios han asociado la exposición durante el embarazo a estos contaminantes con distintos efectos adversos en el desarrollo y la salud de los niños.
Ahora, un nuevo trabajo desarrollado por investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), del grupo que lidera Adonina Tardón en la Universidad de Oviedo, todas estas entidades en España, ha asociado la exposición prenatal a algunos de estos compuestos con alteraciones en el desarrollo genital en niños, en concreto con una distancia anogenital más corta, que podría tener importantes consecuencias en la madurez.
El estudio forma parte del proyecto INMA (INfancia y Medio Ambiente), una red de investigación de grupos españoles que financia el Instituto de Salud Carlos III y que tiene como objetivo el estudio del papel de los contaminantes ambientales más importantes en el aire, agua y en la dieta durante el embarazo e inicio de la vida, y sus efectos en el crecimiento y desarrollo infantil.
La investigación ha sido realizada en el marco de la cohorte del proyecto INMA en Asturias, coordinada desde la Unidad de Epidemiología Molecular del Instituto Universitario de Oncología de la Universidad de Oviedo y el grupo del CIBERESP que lidera Adonina Tardón. Esta cohorte fue creada en 2004 con el objetivo de estudiar el papel de las exposiciones ambientales en el desarrollo (neuro-conductual y antropométrico) y la salud (principalmente respiratoria) en el marco de la red INMA. Se trata de un estudio observacional de cohortes que sigue embarazadas de la población general desde el primer trimestre hasta el parto y a sus hijos desde el nacimiento hasta la adolescencia.
Este nuevo trabajo, cuyos resultados han sido publicados en la revista Hormone Research in Paedriatics, se centró en evaluar la asociación entre la exposición a contaminantes orgánicos persistentes y alteraciones en la distancia anogenital (AGD), un parámetro antropométrico que se ha validado como un marcador sensible de la exposición intrauterina a andrógenos y antiandrógenos.














