Encuestas y medios de comunicación de todo tipo exponen que Leonel Fernández está cada vez más cerca de la candidatura presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y hasta lo señalan como el favorito para ganar las elecciones del 17 de mayo de 2020.
Si el devenir político fuera mecánico -pero no lo es- y no dialéctico, como es, el leonelismo tendría razones y fundamentos para ir festejando, y los empresarios y otros oportunos visionarios, pudiesen ir alineándose cómodamente tras sus aspiraciones.
Pero la realidad, tan dinámica como aleccionadora, resulta -a mi humilde entender- muy diferente.
Entiéndanlo de una vez: en la medida en que Leonel se va convirtiendo en un potencial candidato que amenaza la continuidad del danilismo en el poder, la respuesta de este sector dominante dentro del PLD será la de obstruir su avance por todos los medios y al final (marzo ¿o junio de 2019?) concluir en que para detener la marcha del leonelismo hacia el poder y materializar su revancha, la salida será oponerle al mejor luchador de su cuadra: el mismísimo presidente Danilo Medina.
Mientras más presidenciable se torna Leonel, más necesidad tendrá el danilismo de presentar a Medina como su candidato con todo el poder político y estatal de que dispone, aunque tenga que modificar -una vez más como ha sido la norma- la niña con Síndrome de Down que todos llamamos Constitución.
¿Alguien en este país cree que Danilo gobernará “bien”, frenará los necesarios aumentos en los combustibles por dos semanas consecutivas para favorecer que retorne Leonel al poder en 2020 para hundirlo y eventualmente enjuiciarlo?
Tendría yo que ser el ingenuo que detesto ser para creer que el gobierno de Danilo va a asumir el costo de no subir los combustibles -en alza en los mercados a futuro- para que “el buen gobierno del PLD” le mantenga la casa en orden a Leonel para que él retome el poder. ¡Mire!
No digo que Leonel y los encuestólogos actúan para crear una situación en la cual Danilo vea el peligro de ser sustituido por su principal rival interno como un ardid para facilitar la reelección, expreso que los leonelistas cometen el error de presentarle al danilismo el “hecho consumado” de que Leonel es el favorito y Danilo no tendría más remedio que facilitar que el PLD mantenga el poder.
No; creo que Leonel tiene una táctica errática que consiste en tratar de convencer al danilismo -que es algo más que Danilo- de que él es el “más querido” y que lo que le conviene a aquel sector es apoyar condicionalmente su regreso al poder.
Están -políticamente- desquiciados si creen que el poder se rinde por resultados de encuestas, por promesas e incluso, por los escrúpulos de María Gargajo, aquella doña que lavaba el cascarón de los huevos y luego escupía la manteca para ver si ya estaba lo suficientemente caliente como para romperlos y echarlos a freír.
En ninguna parte del mundo el poder se reduce por persuasión: hay que derrotarlo con las masas populares, las armas insurrectas o la mayoría en las urnas.














