En nuestro más reciente certamen electoral, la escogencia presidencial, congresual y municipal de mayo de 2016, el 31 % de los 6.7 millones de ciudadanas y ciudadanos convocados para votar decidió no hacerlo, de acuerdo con cifras de la Junta Central Electoral.
La abstención aquí revelada supera en más de un punto porcentual el 29.77 % que informó el organismo de rector de identidad y elecciones, en relación al certamen de 2012.
Podemos obtener dos lecturas de las cifras: en primer lugar, un segmento poblacional dominicano, residente tanto en suelo patrio como en el exterior, da la espalda a los procesos electorales al considerarlos de poca relevancia para sus intereses particulares; en segundo lugar, posiblemente la clase política no logra conectar con quienes se abstuvieron de votar, porque los ausentes de las urnas no se consideran representados por las ofertas de los partidos políticos.
Sin importar el escenario en el que se ubiquen quienes decidieron no votar, la solución es clara y ha propiciado acercamientos entre la clase política de países democráticos y sus ciudadanos: el debate.
La Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) tiene más de dos décadas promoviendo que los candidatos presidenciales de los partidos con mayor militancia y más elevada percepción de preferencia se presenten en un debate televisado, transmitido en vivo por una cadena independiente y moderado por un o una profesional de la comunicación sin cortapisas partidarias que cuente con la confianza de los posibles participantes.
Con esto, se busca emular una buena práctica caracterizada por el sector político de Estados Unidos, donde se celebran, no uno, sino tres debates a lo largo de la campaña por ser inquilino de la Casa Blanca. La tradición se extiende también hacia un debate vicepresidencial y encuentros similares entre los precandidatos de los partidos Republicano y Demócrata.
La sociedad en su conjunto saldría beneficiada si la clase política toma esta sugerencia de ANJE y otros sectores. Estas son las razones:
Despierta el interés
Un debate entre los candidatos presidenciales, así como los de otros puestos electivos, tiene la vocación de despertar el interés de los electores, puesto que al final de cuentas, el ejercicio democrático también puede ser una atracción, un sano entretenimiento con capacidad de ocupar el “prime-time” televisivo y digital.
Por medio de los intercambios de los candidatos, los cuales son, por naturaleza, acalorados, algunos de los ciudadanos y las ciudadanas que sintonicen el debate se identificarán con algunas de las propuestas y se dirigirán a las urnas los días convocados.
Recuerden que en 2020 hay dos días electorales, el tercer domingo de febrero son elegidas las autoridades municipales, y el tercer domingo de mayo habrá votaciones por las autoridades del Poder Ejecutivo y del Congreso de la República.
Muestra al mejor
El debate entre los distintos candidatos se celebraría, como acontece en otros países, en forma de responder preguntas instantáneas, con licencia para refutar los argumentos del representante del proyecto político contrario.
Es el escenario para verificar quién es quién. Cuál candidato supera a su par en facilidad de palabra, articulación del pensamiento e ideas creativas para superar problemas.
No es que las destrezas comunicativas sean los criterios más importantes, porque un servidor público necesita condiciones multidimensionales para ser efectivo, pero su oratoria es una especie de carta de presentación que muestra sus otras bondades intelectuales.
Aquí no se trata entonces de quiénes pueden colocar más vallas publicitarias o programar más anuncios de televisión y radio, sino de cuál individuo se destaca bajo presión, cuál tiene el mejor verbo para comunicar su propuesta y cuál promueve una visión que se adecua con el bien común.














