Durante la década de los 80, la humanidad se enfrentó a una noticia aterradora: estábamos destruyendo el escudo invisible que protege la vida en la Tierra. Un «agujero» masivo en la capa de ozono, detectado sobre la Antártida, se convirtió en el símbolo de la degradación ambiental. Sin embargo, décadas después, la narrativa ha cambiado. ¿Estamos realmente cerca de ver este agujero cerrado para siempre?

El éxito del Protocolo de Montreal: Un punto de inflexión

La respuesta corta es , pero con matices temporales importantes. La recuperación que observamos hoy no es fruto del azar, sino del éxito diplomático y científico del Protocolo de Montreal (1987).

Este tratado internacional prohibió la producción de sustancias agotadoras de la capa de ozono (SAO), principalmente los clorofluorocarbonos (CFC), presentes en aerosoles y sistemas de refrigeración.

¿Cómo funciona la destrucción del ozono?

El proceso químico es una reacción en cadena. Cuando los CFC alcanzan la estratosfera, la radiación ultravioleta los descompone, liberando átomos de cloro. Un solo átomo de cloro puede destruir más de 100,000 moléculas de ozono (O3) antes de ser eliminado de la atmósfera.