Las salas de cine llevan en crisis desde que tenemos uso de razón. Las quejas de los exhibidores han ido mutando a lo largo de los años, desde el coste de adaptación a las nuevas tecnologías como el 3D (que, por su parte, ha ido pasando de moda poco a poco) hasta la reclamación de un IVA reducido, pasando, cómo no, por la amenaza del streaming.

Aunque el punto de inflexión fue sin duda la pandemia del coronavirus, provocando un daño real a la asistencia de público a las salas que, aún hoy, no ha conseguido recuperarse completamente. Todo esto ha ido suponiendo también el cierre de históricos y emblemáticos cines en el centro de las ciudades, trasladando al público a grandes complejos multisala en la periferia.