“¿De qué me sirve estar viva, si no puedo disfrutar lo que me gusta?”. Eso me preguntó una persona, de edad avanzada, que los hijos se preocupaban, porque ella es muy activa. 

Mi respuesta fue simple: Debemos cuidarlos, pero respetándole pese a su edad. En vez de limitarlos, lo ideal es acompañarlos.