El encargo de Felipe I al pintor fue claro: sus hijas Leonor e Isabel a la izquierda y a la derecha de su hijo Carlos, no debían parecer ni pálidas ni enfermizas, sino encarnar la plenitud de la vida. Finalizada en 1502, la pintura fue copiada varias veces y enviada a otras cortes reales, una práctica común en Europa para presentar a las hijas como posibles candidatas matrimoniales.
«Se dice que, cuando los candidatos se conocían posteriormente, la decepción a veces era grande para una de las partes», declara a DW la historiadora de arte Katrin Dyballa.
Del niño Jesús a los querubines
En la Edad Media, este tipo de pinturas de familias reales eran infrecuentes. Tan solo había un niño omnipresente: Jesús en el regazo de la virgen María. Los niños también eran muy populares en el papel de ángeles. Los más famosos, hasta la fecha, son probablemente los querubines de Rafael, descansando en las nubes y a los pies de la Madonna Sixtina, de 1512/13.
Con la era moderna, la burguesía adinerada pronto emuló a la nobleza y también retrató a sus descendientes de acuerdo al opulento estilo barroco. «La idea era transmitir simbólicamente las buenas cualidades de una figura histórica a los niños», según Dyballa, como la pureza y castidad de la diosa cazadora Diana o la belleza de Adonis.














