Mariana llegó a la consulta con una mezcla de ilusión y vergüenza. Había sido madre hace dos años. Con un nudo en la garganta hablando ya con la especialista, dijo: “Doctora, soy feliz, pero no me reconozco. Me miro al espejo y no veo a la mujer que era”.

Su historia no es única. Son muchas madres que han dedicado todo su tiempo y energía a su bebé, olvidándose de sí mismas. El abdomen de Mariana había quedado con piel flácida, sus músculos separados, y su busto ya no tenía la forma que recordaba. No buscaba parecerse a nadie más, ni retroceder el tiempo. Lo que quería era reencontrarse consigo misma.