Reemplazar las energías sucias por energías limpias y sostenibles constituye la principal estrategia para impedir que el calentamiento global alcance cotas desastrosas. De entre las energías limpias, las principales son la solar y la eólica. Pero ambas son inconstantes; el viento no siempre sopla y la luz solar desaparece de noche y escasea en días muy nublados. No son fiables para un suministro directo a la red eléctrica sin interrupciones. Por otra parte, aunque baterías como por ejemplo las de iones de litio pueden almacenar energía eficientemente, muchas de ellas dependen de materiales difíciles de obtener y nunca podrán ser lo bastante baratas.

 

Por el contrario, las baterías de flujo, en las que los electrolitos fluyen a través de celdas electroquímicas desde depósitos de almacenamiento, son baterías recargables que se perfilan como las más prometedoras para almacenar energía a gran escala en centrales solares y eólicas. No obstante, todavía resultan demasiado caras y voluminosas para ser competitivas y debido a ello conviene trabajar mucho y rápido en su perfeccionamiento.

 

Con el objetivo de recortar el tiempo necesario para lograr avances en el desarrollo de baterías de flujo plenamente competitivas y lo más optimizadas posible, unos científicos han diseñado una pequeña batería de flujo y un sistema para validar su rendimiento y el de las sucesivas mejoras que se hagan en ella.