Habitaciones cómodas, magníficas vistas y comida deliciosa. Envueltos en mantas de lana, los adinerados huéspedes se pasan el día tumbados en las terrazas del «Berghof», un lujoso sanatorio situado en los Alpes suizos, donde los tuberculosos esperan curarse gracias al aire fresco. Ese es el escenario elegido por Thomas Mann para su novela La montaña mágica.

La historia comienza en 1907, cuando Hans Castorp, hijo de un comerciante de Hamburgo y aspirante a ingeniero, viaja al sanatorio para visitar a su primo enfermo. Su intención es quedarse solo tres semanas, pero, al final, se convierten en siete años. Lo curioso es que, en realidad, el propio Hans Castorp está sano.

«Pero queda literalmente absorbido por la vida en el sanatorio», explica a DW Kai Sina, experto en literatura. «Los pacientes, sus debates filosóficos y costumbres, las estrictas rutinas sanitarias, las lujosas comidas y la obsesiva medición de la fiebre. Castorp se convierte en parte de ese mundo».