La política se ha convertido en una catapulta, no solo para captar adeptos y convertirlos en votos, además; se le suma que es el canal por excelencia para el trasiego de sustancias controladas o estupefacientes.

También es utilizada para amasar gigantescas fortunas de procedencia dudosa, es decir, que algunos políticos decidieron montarse en la lancha de la administración de “recursos mal habidos” con base en el enriquecimiento ilícito.