Todo en la vida necesita de una renovación, y el deporte olímpico no es la excepción.
En el mundo de la tecnología los nuevos productos deben de estar en la vanguardia, actualizados a los tiempos recientes, mientras que los atletas van desplazando a los “templos sagrados de siempre”.
En los últimos ciclos olímpicos la delegación de la República Dominicana ha mantenido una tendencia al alza. Ha venido de menos a más, desde su primera medalla de oro en unas olimpiadas en Atenas 2004, cuando el velocista Félix Sánchez vistió de oro a la tierra de Duarte.
Desde ese momento, hasta la fecha, los representantes de Quisqueya no retornan al país sin antes sentir la brisa de los dioses, trepados en lo más alto del pódium olímpico.














