José Antonio Rodríguez se crió en un ambiente poético y musical. Su abuela Virginia Rodríguez era poetisa. Con ella aprendió a conocer las rimas y otras reglas de la poesía. Su tío Luis, bohemio, que tocaba la guitarra y componía canciones. Estas fueron las primeras fuentes de su inspiración, que con el tiempo se convertirían en su mejor carta de presentación en el mundo artístico.

Cuando tenía unos ocho años, todas las tardes, luego de almorzar y hacer su tarea, se convertía en el escribiente de su abuelita, quien había sufrido un accidente cerebro vascular, y estaba inhabilitada para escribir, doña Virginia, que había editado y publicado libros de poemas, le dictaba sus creaciones y José Antonio debía copiarlas, como parte de una tarea impuesta por su padre Juan Rodríguez Pepén.

“En ese momento yo no quería hacer eso porque como niño al fin lo que quería era salir a jugar con mis amiguitos, pero con mi abuela aprendí a conocer las rimas, los versos, los decasílabos y eso se fue sembrando en mí, desde muy chico”, recuerda.

Nacido y criado en La Romana, era mayor de tres