Es una ciudad cuyo centro lo conforman pequeñas colinas que, aún cuesta arriba, se caminan fácilmente. Es Segovia, donde los monumentos y edificios proyectan un aura de encanto. Me gusta recorrer en especial la ruta que empieza en la Plaza del Azoguejo, donde se levanta el Acueducto, uno de los más imponentes monumentos del mundo romano.

En este punto alcanza 29 metros de altura. Quien la visita por primera vez podrá encontrar planos, folletos y un largo etcétera, en la oficina de turismo que aquí funciona. Y, en el entorno, uno de los restaurantes más internacionalmente conocidos de Segovia: el Mesón de Cándido. 

En este recorrido con Alexis mi hijo, y Pamela (su sobrina y mi nieta), ascendemos por la cuesta de la calle Real, hoy dividida en tres tramos (Cervantes, Juan Bravo e Isabel la Católica) hasta el mirador desde donde se divisa la montaña que, por la silueta, llaman la Mujer Muerta.

A unos pasos, a nuestra derecha, nos detenemos ante la Casa de los Picos, así conocida por la fachada con sillares en forma de punta de diamante. Aquí funciona la Escuela de Arte y Superior de Diseño. Alexis mira al frente, señala un edificio y dice: ‘Ahí nació abuela’. Se refiere a mi madre, María Ugarte.